Calidad en el Elearning

Cuando una persona va a tomar una decisión sobre la compra de una acción formativa en eLearning, es de esperar que la calidad esté en su lista de sus prioridades. Puede que no esté en el primero ni en el segundo lugar, pero podemos suponer que no va a comprar nada que no le satisfaga. En el caso de la oferta de un bien o servicio por parte de una empresa parece que es diferente: una vez detectado el mercado simplemente se piensa en ofrecer el bien, estar por ahí y esperar a que sea comprado. Sólo cuando aparecen competidores y la diferenciación parece obligatoria, se piensa en la calidad como un requisito del producto formativo ofertado.

Aunque el primer paso sea reconocer la necesidad de detectar la necesidad de la calidad, el más difícil es definirla. A priori esto no parecería complicado, pues todos tenemos la idea de que algo con calidad es algo que está bien hecho, pero el problema surge cuando nos damos cuenta de que no todo el mundo tiene la misma idea de lo que está bien y lo que no. La calidad, lo bueno, lo mejor, lo satisfactorio…son conceptos subjetivos, cada uno tiene el suyo y la única manera de llegar a un punto de acuerdo es tratar de objetivizarlos a través de métricas o números que busquen resumir la abstracta realidad que hay detrás.

A eso se dedican instituciones más o menos conocidas como AENOR o ISO y más o menos centradas en la educación y el eLearning como EFQM, proyecto Prometeo-Qalitas o MECA-ODL. El resultado de su esfuerzo son normas, estándares, cartas de calidad, etc. que reflejan una manera particular de entender “lo que es bueno”, y como se hacen las cosas. A continuación pongo un cuadro elaborado por Miguel Ángel Ramos, compañero del máster, en el que se puede apreciar muy bien las diferencias entre uno y otro intento:

 

NORMA UNE 66181

Información general mínima, Empleabilidad, Facilidad de asimilación, Accesibilidad

MECA-ODL

Concepción, Análisis, Diseño, Contenidos, Producción, Distribución, Evaluación

Qualitas, Proyecto Prometeo

Junta de Andalucía

Contexto, Diseño, Producción, Puesta en marcha, Implementación, Seguimiento

Adaptación del modelo EFQM Dirección General de Universidades

Liderazgo, Planificación y Estrategia, Personal, Colaboradores y recursos, Procesos, Resultados en usuarios, Resultados en personal, Resultados en entorno, resultados clave

Modelo Sistémico de Vann Slyke et al. (1998)

Características de : la institución, de los destinatarios de la formación, del curso, de la formación a distancia

Modelo de cinco niveles de Marshall and Shriver

Docencia, Materiales del curso, Curriculum, Módulos de los cursos, Transferencia del aprendizaje

Sistema de benchmarking BENVIC

Servicio al estudiante, Recursos de aprendizaje, Apoyo al profesorado, Evaluación, Accesibilidad, Eficiencia financiera, Recursos tecnológicos, Ejecución institucional

 

Como se puede ver, cada una aporta su visión y la falta de unanimidad se demuestra en que no existe una normativa con rango que ley que dictamine qué es valido en eLearning. En el ámbito estatal contamos con el artículo 31 de la ley de Universidades (6/2001) y en el plano Europeo con el Plan de Acción “eLearning, concebir la educación del futuro”.  Ambis -uno por escueto y otro por genérico- resultan insuficientes a la hora de concretar está abstracta y compleja idea de calidad.

Me gustaría decir otra cosa pero el resultado es un embrollo importante de términos, insticuiones y grupos de trabajo que complican sobremanera la aproximación a este cara del eLearning. Entiendo que aquí manda el mercado y que optar por una certificación u otra es determinado por la confluencia de oferentes y demandantes en un momento concreto y por la urgencia o no del intercambio.

Sin embargo, esta semana de lectura y debates me ha servido para asentar una idea que ya tenía antes en mi cabeza. Apostar por la calidad, por gestionar la calidad mejor dicho, es un compromiso individual en el camino de mejorar continuamente, ser grande en todas las circunstancias y no crecer y menguar según vayan pasando las olas. Para ello es importante conocer bien el proceso que da lugar al producto que ofrecemos: estudiarlo para ser consciente de los diferentes subprocesos que lo componen y saber dónde y cómo actuar si se surgen imprevistos o hay que responder a un nuevo cliente. Cuanto mejor definidos están los subprocesos, más nítido es el proceso y más efectiva y eficientemente se puede trabajar en un mundo que, como estamos viendo, es cualquier cosa menos fácil.

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